IES LA CANAL DE PETRER (ALICANTE)

martes, 24 de marzo de 2015

LA OBRA DE LA SEMANA - ARTE MUSULMÁN


        Os presentamos esta semana el trabajo de azulejería islámica y una breve explicación de la importancia de la luz en el mundo islámico medieval que han desarrollado los alumnos de 2º ESO con sus profesoras Fanny Miralles e Isabel Giner.
BASTIDOR REALIZADO POR LOS ALUMNOS DE 2º ESO DE LA OPTATIVA DE TALLER DE DISEÑO

     LA LUZ Y LA DECORACIÓN EN EL ARTE MUSULMÁN (siglos VIII-XV dC) 

     En los primeros tiempos del dominio musulmán en la península surge pronto un arte rico y variado basado en la tradición clásica, en el arte bizantino, en el persa y en el de los pueblos orientales sometidos. Sin embargo, la originalidad de las estructuras arquitectónicas y los motivos ornamentales dan como fruto un arte propio, típicamente musulmán. 
  La ornamentación es, sin duda, uno de los aspectos que más han contribuido a la unificación del arte musulmán. Los mismos temas decorativos aparecen, tanto en la arquitectura como en las artes suntuarias, con independencia del material, la escala o la técnica empleada. La decoración musulmana por excelencia es de tipo geométrico. 
    Una característica fundamental de la decoración geométrica es la utilización de un solo diseño —que será la unidad de cualquier composición decorativa— que, por multiplicación de sí mismo, cubre completamente una superficie. Esta forma de proceder permite decorar sobre una superficie indefinidamente sin más que seguir unas reglas fijas. 
  De este modo se consigue presentar la unicidad -Dios es uno- entre la multiplicidad y está en todas partes. En los azulejos que hemos trabajado en este proyecto aparece solo un patrón de cada tipo de azulejo. Hemos de imaginar muros enteros recubiertos por la repetición continua de estos patrones.El resultado es una composición que mantiene un ritmo, una cadencia y una armonía que indudablemente suponen un atractivo magnético.    Otro tipo de decoración es la caligráfica. En las primeras ampliaciones de la Mezquita de Córdoba aparecen en las paredes inscripciones en escritura cúfica, compuestas por letras majestuosas y bellísimas que reproducen versos del Corán. Este tipo de decoración puede encontrarse también en la Alhambra. Por ello en nuestra exposición tenemos una muestra de azulejo decorado con caligrafía. 
   Otro tipo de ornamentación es el arabesco, un dibujo de adorno compuesto de tracerías, follajes, cintas, etc. Se emplea más comúnmente en frisos, zócalos y cenefas. Donde primero aparece es en la mezquita de Córdoba, en el siglo X. Igualmente, tanto en los edificios como en los objetos decorativos, los motivos vegetales estilizados, llamados atauriques (del árabe at-tauriq: "el adorno foliáceo"), abigarran el espacio en una armoniosa interrelación. Los motivos figurativos aparecen a menudo en los objetos domésticos, contrariando la creencia popular de que la tradición musulmana los prohíbe. En realidad, más bien los desaconseja, ya que la divinidad perdería su carácter trascendental e inmaterial al intentar ser representada; por ello, nunca existen figuraciones en los edificios religiosos. 
    Otro de los elementos decorativos arquitectónicos más característico son los mocárabes, que separan determinados espacios y están conformados de alvéolos semiesféricos o prismáticos que se repiten y superponen, como en un auténtico enjambre. 
     En cuanto a los azulejos como elemento decorativo, en el mundo islámico occidental de al-Ándalus se emplean generalmente a las partes inferiores de los muros (zócalos) y son de diseño sobre todo geométrico. Fuertes contrastes de colores claros y oscuros —en la Alhambra, por ejemplo— se contraponen con objeto de producir formas estrelladas y cuadradas de gran complejidad.         Por otra parte, colores armónicamente combinados se utilizan para definir las formas geométricas de paneles y frisos en mosaico de azulejo. En general, la gran profusión de superficies decoradas hace que las estructuras queden parcialmente camufladas. Además, mediante la repetición de motivos y la sabia combinación de materiales y texturas, se logra un efecto tridimensional que dota a los edificios de cierto misterio y ligereza. 
     La luz y el agua son elementos indispensables para lograr ese efecto casi irreal. La luz es el símbolo de la unidad divina y el artista musulmán pretende transformar la materia misma que está modelando en una vibración luminosa. Además de tener una dimensión mística, la luz tiene en la arquitectura islámica una función decorativa que es doble: modifica los demás elementos de la decoración y origina formas. 
    Los elementos arquitectónicos en los edificios islámicos y los materiales seleccionados para su decoración con frecuencia están formados para reflejar, refractar y ser transformados por la luz y la sombra. Hay un uso sutil de las superficies brillantes de pavimentos y muros, de modo que aprehendan la luz y la devuelvan a los techos, que a su vez la reflejan de nuevo. Los mocárabes (piezas ornamentales en forma de estalactitas con las que se configuran arcos y bóvedas) atrapan la luz y la refractan; las cúpulas nervadas (como en el caso de la mezquita de Córdoba) parecen rotar según la hora del día. 
     Las fachadas parecen estar hechas de materiales como de encaje y se transforman en celosías transparentes cuando el sol ilumina su decoración estucada, horadada y trabajada a propósito para crear este efecto de incorporeidad. La luz que entra a través de vidrios o celosías proyecta dibujos sobre las superficies interiores ya en sí decoradas y borra la separación entre lo lleno y lo vacío. Los espejos, los azulejos vidriados, la madera dorada y el mármol pulimentado, todo brilla, reluce y refleja la luz fuerte y enérgica de las tierras islámicas. 
      La Alhambra nos brinda los mejores ejemplos de juegos de luces. Casi todas las salas de los Baños de la Casa Real se cubren con bóvedas esquifadas de planta rectangular, agujereadas con luceras en forma de estrellas de ocho puntas, como representación de la bóveda celeste. En el techo de la Sala de las Dos Hermanas, sobre la base del octógono, la bóveda parece flotar, sin peso, sobre el espacio. Ello se debe a la disposición de las ocho ventanas dobles que dejan pasar la luz, dando un extraordinario efecto luminoso.

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